← Cartas a Mónica
Cartas a Mónica

Carta a Mónica · 2026

23 de agosto de 2026
Read this in English →

Queridísima Moni,

Otro año más me siento a escribirte, ya van once años desde que te fuiste. Este año me he llevado algún que otro susto de salud. El más fuerte fue hace unos meses: llevaba más de un mes tomando infusiones de regaliz creyendo que hidrataba mi cuerpo y, sin saberlo, me estaba envenenando. Empecé a hincharme de manera exagerada y mis niveles de energía bajaron muchísimo. Fui al médico pensando que sería una tontería y me encontré con que tenía una retención de líquidos brutal hasta el nivel de que el líquido se había filtrado a mis pulmones, me había subido mucho la tensión y el ritmo cardíaco me había bajado un 40%. Lo cuento por si alguien lo lee y le sirve para estar atento: el consumo excesivo de regaliz puede causar esto.

Semejante susto me volvió a llevar a ti, a la lección más dura que me dejó tu partida: nada es eterno, todo se puede acabar mañana. Con los años es fácil olvidarse, el día a día te absorbe y entras en piloto automático. Pero este año varias cosas me han obligado a parar y a reflexionar. Vivo en una ciudad llena de naturaleza. Estar al aire libre es algo que me llena. Cuando salgo a la calle, veo las montañas verdes, igual que cuando vivía en Alemania. Eso era lo que más me gustaba de vivir allí. Vivo en el extranjero que es lo que siempre había querido, trabajo sin oficina, viajamos, soy madre… y a pesar de todo, me he pasado estos años preocupada por la falta de tiempo, sin pararme demasiado a mirar nada de lo positivo. Si la Cristina que se fue de Valencia hace más de catorce años viera la vida que tengo ahora, alucinaría: tiene todo lo que ella quería y más. Lo que le sorprendería es que aún no me sienta realizada con ello. Y me doy cuenta de que esto no es solo cosa mía. No paro de hablar con personas que aceptan sentirse vacías en su trabajo porque "es lo que hay" y necesitan el sueldo para pagar los gastos. Me da pena lo normal que se ha vuelto vivir desconectados de nosotros mismos, agotados y llenos de ruido, sin parar a preguntarnos si esta vida tiene sentido para nosotros. Creo que esa es una de las grandes esclavitudes de la vida moderna. Es importante darse cuenta de que sólo nosotros somos responsables de nuestra propia felicidad, si tú no luchas por ella, nadie lo va a hacer por ti. Sólo tú eres capaz de saber lo que te hace feliz.

Quizá por eso este año he sentido más que nunca la necesidad de crear, de construir algo propio, de que mi trabajo tenga propósito y no sea sólo obligación. Y en esto la inteligencia artificial me ha ayudado muchísimo: aprendo mucho más rápido, construyo mucho más rápido y hago cosas que antes eran imposibles para mí. Mucha gente la ve como una amenaza; yo la veo como una oportunidad. Una oportunidad que puede ayudarnos a todos a tener una vida con más sentido y a ser de verdad nosotros mismos. Cada persona es una mezcla irrepetible de cualidades, intereses y experiencias, y eso es justo lo que nos hace únicos. Nadie puede dar al mundo lo que tú puedes dar, sólo tienes que encontrar tu camino.

Actualmente sigo con mi trabajo en SAP, que de momento es lo que hay, pero en paralelo estoy construyendo dos proyectos que me ilusionan de verdad: Cristina Guiri, un blog personal donde hablo de reinventarse, generar más fuentes de ingresos, emprender, vida internacional, e Iberova, con el que quiero ayudar a quien busque invertir o mudarse a España. Iberova todavía está en construcción. Cristina Guiri, en cambio, nace hoy. Decidí que lo lanzaría el mismo día que publicara esta carta, aunque todavía queden cosas por terminar y otras muchas por pulir. Necesitaba obligarme a dejar de esperar a que todo estuviera perfecto y empezar. Por primera vez en mucho tiempo, siento que camino hacia donde quiero.

Te escribo desde el aire, estoy volando de vuelta a casa por un viaje de trabajo. La peque se ha quedado en casa con su papi, mi compañero de viaje y mi inspiración, la familia con la que quiero seguir construyendo. Tengo el corazón partido por dejar a la peque, no imaginaba que una personita tan pequeñita pudiera despertar un amor tan grande. Ojalá pudieras ver en lo que se ha convertido mi vida, y ojalá estuvieras aquí para contártelo en persona, muertas de risa y tú llamándome pava. Te echo muchísimo de menos.

Un beso enorme allá donde estés,

Cristina, tu hermana