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Cartas a Mónica

Carta a Mónica · 2022

23 de agosto de 2022
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Queridísima Moni,

Cada año, mientras te escribo, te imagino en frente de mí mirándome. Imagino tu cara escuchando cada palabra. Es cierto que el tiempo todo lo cura y que, aunque me acuerdo muchas veces de ti, con los años te siento más lejana. Me inunda la tristeza cuando lo pienso, pero no sé si es un sentimiento contra el que se pueda luchar. Esta carta me sirve para tenerte tremendamente presente al menos una vez al año. Todavía se me siguen llenando los ojos de lágrimas cuando la escribo.

Recuerdo que cuando tú te fuiste, me propuse que iba a dejar de vivir una vida llena de asignaturas pendientes. Desde entonces podría decirse que he hecho casi todo lo que tenía en mente en aquel momento: he vivido en países extranjeros, he aprendido a hablar bien inglés, he viajado muchísimo, me saqué la licencia de paracaidista y la de buceo, esquié, hice maratones de patines, corrí una carrera popular de 10km en tu honor, he conseguido ser una nómada digital… y una lista grande de cosas… Cuando miro atrás, pienso que los treinta fueron mi mejor década. En la década de los cuarenta tengo otros planes, pero tengo muy claro que si me voy mañana, ya no me iré con la sensación de que no he vivido. Pero no te engañes, eh, con 40 años sigo teniendo todavía mucha sed de aventuras.

Este año pensaba que hace ya más de 10 años que dejé Valencia. Todavía recuerdo el miedo que sentí a lo desconocido, pánico a perseguir mis sueños, pánico de hacerme autónoma y a cambiar de ciudad. Ahora, tantos años después, hago balance y me alegro enormemente de la decisión que tomé, fue el inicio de una nueva vida. Muchísimas cosas buenas me han pasado a raíz de entonces. Creo que la vida es mejor cuando tomas riesgos. No hay que tener miedo a cometer errores porque el mundo no se acaba por un error y de alguna manera siempre se puede volver atrás, a la zona de confort. Recordaba también cuando me fui de España, mis primeras semanas en Alemania. Años soñando con vivir en el extranjero, mi gran asignatura pendiente, y cuando por fin lo realicé, lo primero que me vino a la cabeza fue: "¿y ahora qué?". Y es que la vida es así: para bien o para mal, hay que seguir soñando. Al final la vida es evolución, es como un juego y hay que disfrutar del camino cada día porque nunca sabes si mañana te va a llegar la hora. Estoy segura de que tú no te imaginabas que te llegaría tan pronto, todavía recuerdo tu impaciencia por salir del hospital porque tenías muchas cosas que hacer fuera. Nunca las hiciste. Todos tenemos fecha de caducidad, pero ninguno sabemos cuándo, no la llevamos impresa. No tenemos ningún control sobre el momento en el que nos iremos, pero sí que podemos tenerlo sobre cómo vivimos y la actitud que tenemos cada día. Haz más de lo que te haga feliz.

Hace años escuché una charla TED donde un viejecito cubano decía que él pensaba que cuando muramos, se nos juzgaría por lo felices que habíamos sido en vida. Él pensaba que ésa era la razón por la que estábamos aquí, para ser felices. Me encantó esa filosofía y decidí adoptarla. A veces pienso que gracias a los riesgos que tomé en su día, estoy viviendo la vida de mis sueños. Hay días que siento que podría explotar de felicidad y eso me asusta, me da miedo despertarme un día y ver que mi vida no es real. Hay que celebrar cada día porque estamos vivos, hay que disfrutar de cada paso que damos en el camino para conseguir nuestro próximo sueño y cuando perdamos la positividad, hay que pararse a analizar todas las cosas buenas que tenemos y las que ya hemos conseguido. Hay que estar agradecido por todas y cada una de ellas. Es mejor valorarlas y disfrutarlas mientras se tienen que no esperar a perderlas para apreciarlas. A cada uno, la felicidad nos llega de maneras distintas, pero para mí la felicidad es el sentimiento de sentirse bien y en paz con uno mismo y con como vives tu vida. Vivir con el sentimiento de que estás dejando la vida pasar, vivir con arrepentimientos o pensar que si te mueres mañana no has vivido la vida que querías, para mí no es felicidad.

No sé qué pensarás de las cosas que te cuento, no sé si tú has tenido algo que ver en todas las cosas buenas que me han pasado durante estos años. Por eso y por ser mi amiga y hermana cuando estabas aquí te doy las gracias. Te mando un beso muy grande desde lo más hondo de mi corazón.

Cristina